Espejos de luz
A menudo nos topamos con individuos y grupos que reflejan aspectos de nosotros mismos. Es inevitable ya que, tal como dijo John Donne, ninguna persona es una isla. No obstante, esta unidad de todos los seres vivos es algo que con frecuencia pasamos por alto. Por desgracia, la incesante ráfaga de banalidades y distracciones nos han convertido en seres que no buscan más que placer fugaz, el cual arrasa con nosotros tal como hace el viento con los dientes de león. Nos movemos al avasallador vaivén de un incontrolable frenesí, en el cual nos hemos olvidado de escuchar a nuestra voz interior. Rara vez he visto a alguien que “cave” dentro de sí mismo, que intente desprenderse del yugo de su ego e ir más allá del pórtico del santuario que se encuentra en su interior.
En el hinduismo existe el concepto de Atman, que en términos simples es la “pizca” de lo divino que habita en cada ser, el destello que Brahman legó a cada individuo. Al ser totalmente negligentes a la vida contemplativa no es de extrañar que la gran mayoría de las personas perezcan sin haber siquiera el brillo del tesoro durante sus miserables vidas. Sí, el tesoro. Debemos excavar con un afán imperecedero dentro de nosotros mismos hasta hallar la lapis philosophorum y así deslumbrarnos con haber descubierto un potencial que otrora no éramos capaces de reconocer. Aquella es la única forma de convertirnos en seres más completos que se han aventurado en la expedición, una expedición que no es como las de antaño que consistían en explorar los mares y descubrir tierras lejanas. En cambio, la expedición a la que me refiero es aquella que escudriña los más profundos recovecos del alma.
Me invade el recuerdo de “El Buitre”, llamado de esa forma por su característica calva y por su nariz aguileña. Era un profesor agnóstico que me hizo clases en primaria. Con recurrencia realizaba comentarios sobre la naturaleza de Dios. En un par de ocasiones él mencionó que en la Biblia se menciona que el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios. De acuerdo al Buitre esto quiere decir que Dios, al igual que el hombre, es cruel y egoísta. Dicha afirmación escandalizó a varios de mis compañeros y de seguro influyó en el posible distanciamiento de la religión que algunos de ellos deben de haber experimentado posteriormente. No le di demasiada relevancia a sus palabras en aquel momento, ya que parecía el típico comentario de alguien que busca sembrar la duda sin dar respuesta. Ahora me doy cuenta de que él meramente ignoraba el concepto de Atman. Somos hechos a la semejanza de Dios, pero muchas distracciones nos apartan de ese núcleo. Nuestros ideales elevados y nuestros deseos de escapar del yugo del ego son muestras de esta naturaleza divina, pero las multitudes están bajo el hechizo de lo efímero.
En las icónicas catedrales góticas es evidente el deseo de alcanzar las alturas y de escapar de la prisión carnal en la que vivimos. Luego de esa era vino la era de los descubrimientos en la que se surcaban los mares y se exploraban tierras desconocidas. El ser humano tenía una profunda fascinación por todo lo que le rodeaba y miraba fuera de sí mismo en busca de respuestas para las principales interrogantes de la vida. La tierra fue explorada de cabo a cabo y es normal pensar que conocemos los confines de este planeta y que no hay nada nuevo bajo el sol. Tras oscilar por ambos extremos, la humanidad, que creía saberlo todo, se ha percatado del profundo desbalance y decadencia que está sufriendo, y además de esto, ha notado que el único rincón que falta por explorar es la psique; y sin lugar a dudas, aún falta bastante para que esta terra incognita sea comprendida a cabalidad.
¿Por qué he titulado esta humilde reflexión como “Espejos de luz”? Creo que no se trata más de una quimera. Es innegable que somos espejos de la realidad que nos rodea. Reflejamos los vicios, la vanidad y la codicia de los demás. ¿Tiene que ser siempre así? Las tinieblas han sido reflejadas por siglos, pero algunos seres que emprenden la temeraria travesía en busca del tesoro, pueden llegar a ser capaces de irradiar una sempiterna y beatífica luz, si es que descubrimos nuestro verdadero ser tras despojarnos de lo intrascendente y descubrir cuál es nuestra misión en la vida. Por esta razón es que el arquetipo junguiano conocido “Self" es representado como una joya, una piedra preciosa o un tesoro; siendo un ejemplo notorio de esto las leyendas sobre el Santo Grial, uno de los símbolos más sagrados en la historia de la humanidad. En conclusión, sin llevar a cabo una travesía del héroe en la que estemos en sintonía con nuestro Atman, Self, o como prefieran llamarlo; es incierto que sepamos cuánta luz podemos irradiar, no solo para beneficio nuestro, sino para el de las demás conciencias.

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